lunes, 11 de abril de 2016

DE LA SITUACIÓN ACTUAL DEL CONCEPTO DE HOMOSEXUALIDAD

Lo peor de los que, hoy en día, todavía no toleran la homosexualidad es que la mayoría de ellos, por miedo al rechazo social que empieza a provocar la aversión directa hacia dicha condición, recurren a la hipocresía para salir del apuro cuando tienen que manifestarse al respecto.
Expresiones como "yo no tengo nada en contra de los homosexuales" son la muletilla tradicional por excelencia, y lo que nadie ve es que, en el fondo, esa misma expresión que pretende o finge pretender dar apoyo a un colectivo, lo que está haciendo es culpabilizarlo indirectamente. Voy a explicarme con un ejemplo:

Nos encontramos en una cena de amigos, las típicas que se adivinan como una más de entre tantas y terminan siendo terapias y sesiones sobre cómo arreglar el país. El tema central desde hace un rato son los militares. Uno de los asistentes dice lo siguiente:

- Yo no tengo nada en contra de los militares.

Dicha expresión, aunque se emita con el fin de demostrar que se está a favor o se tiene una actitud neutral con respecto al colectivo del que se habla, pone a su vez de manifiesto que existe diversidad de opinión, que hay quien sí está en contra e incluso, exprimiéndonos los sesos, podríamos llegar a concluir con que esta afirmación, por el hecho de haberse hecho, induce a pensar que existe algo de lógica en tener algo en contra del colectivo. ¿Qué sentido tendría, si no, plantearnos algo así frente a un hecho consensuado y aceptado en unanimidad? Es decir, allí donde no existe debate, no se puede debatir y por lo tanto nadie siente la necesidad de tener que aclarar cuál es su postura. ¿Acaso alguien pregona por ahí que no tiene nada en contra de la paz?

Quizá se trata de un ejemplo un tanto escabroso y un poco sensacionalista incluso, pero lo que está claro es que mientras exista la dicotomía absurda de la tolerancia y la no tolerancia hacia la homosexualidad, expresiones como esta no desaparecerán. Pero el problema no reside, en realidad, en aquellos que, de buena voluntad - o no - dicen no tener nada en contra de los homosexuales. El problema de fondo y más grave todavía es la hipocresía que ya he mencionado anteriormente, y es que nos hallamos en el peligroso punto en el que pocos se atreven a manifestar su homofobia y muchos son los que de todos modos tienen ideas homófobas. No podemos confiar en generaciones futuras, más abiertas de mente, más modernas, menos presas del yugo eclesiástico o del propio yugo de lo tradicional mientras no se cambien los códigos mentales de la sociedad actual. No basta con condenar la homofobia, porque eso únicamente sirve para que el que la siente la camufle y solo la exprese en el contexto en el que sabe que será aceptada, porque no es efectivo; lo que hay que hacer es reflexionar una y otra vez, reflexionar, normalizar y sobre todo intentar ser inmunes a los estereotipos que nos venden las multinacionales, la televisión, el cine y todo lo que en aras de hinchar el pecho por tolerantes, solo consigue encasillar a los homosexuales, como si la condición de homosexual llevara consigo la etiqueta de vicioso. Justo así. No seré yo quien niegue que hay homosexuales viciosos, porque no hay necesidad. Hay homosexuales viciosos porque son personas normales, igual que también hay heterosexuales, bisexuales y transexuales viciosos. Porque dicha característica no define a alguien por su condición sexual de homosexual, puesto que si eso fuera verdad, el porno HETEROSEXUAL no sería uno de los negocios que más dinero mueve en el mundo, eso seguro.

Hoy me he planteado seriamente qué pasa en este país, en el que es más fácil aceptar que un hijo decida no seguir estudiando al llegar a los dieciséis (aprovecho para decir que somos uno de los países de la UE con más tasa de abandono estudiantil) a asumir y aceptar que un hijo se ha enamorado, quiere hacer el amor, quiere follar o quiere tirarse ocasionalmente a alguien con el cual comparte genitales. Me gusta acabar este tipo de textos siempre con reflexiones parecidas:

Tú, homosexual que sientes rechazo, pregúntale a quien te juzga de quién se enamoró la última vez y qué le hizo enamorarse. Seguro que no te contesta que se enamoró de una polla o de un coño, y si lo hace, plantéale si es más perverso enamorarse de una persona de tu mismo sexo a enamorarse de un miembro ajeno.



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