Después de algunos meses, he decidido desempolvar esta respuesta que escribí al artículo del columnista de ABC Antonio Burgos, simplemente porque no soporto todo lo que el diario ABC significa, no aguanto su conservadurismo exacerbado, su derechismo de los años 30 y sobre todo no tolero su asedio al pueblo catalan y a la figura de la mujer. Por todo ello, os dejo con la respuesta al Artículo de Antonio Burgos, "Las Flequis".
Sr. Antonio Burgos:
escribo esto a propósito de la maravilla de artículo que publicó en ABC el 6 de enero de este año titulado “Las flequis”. Casi me da vergüenza tener que publicar una respuesta a tan patético, machista, innecesario, intolerante, ignorante y MISÓGINO artículo que podría relacionarse con cualquier cosa excepto con periodismo.
Mi intención con este escrito es informarle y recordarle a usted (y a todo aquel que haya tenido la mala suerte de leer la bazofia que escribió) una serie de cosas que parece que no sabe o no quiere saber porque ya le está bien el sofisma, la pedantería y la retórica vacía para publicar en ABC y cuestiones como el respeto se la traen floja, hablando en plata (como la que llena sus bolsillos por escribir mierda sobre la mujer, dicho sea de paso).
En primer lugar he de decir que queda infinitamente prehistórica su perorata, que - permítame un consejo de una estudiante de letras de este siglo - habría de actualizarse, porque si pretende que aparte de los cerrados de mente y cenutrios como usted le lea alguien más, solo tiene dos opciones:
1. añadir a su discurso arcaico la calidad literaria de Cervantes para que valga la pena leer con la sensación de que se tiene entre las manos un rollo de pergamino en lugar de que se está leyendo a través de un portal de Internet.
2. empezar a trabajar y escribir conforme a lo que moralmente se entiende como periodista y dejar de ser únicamente un difamador irrespetuoso.
Pese a lo soberanamente aburrido que me ha resultado su artículo, ya que es bastante parecido el inicio del mismo a una anécdota de abuelo fuma puros - esto en alusión a lo de que tiene que actualizarse - no he podido evitar sentirme insultada yo también. Y no, yo no tengo flequillo. Yo tengo vagina, y sus palabras no atacan ni a separatistas, ni a pelorratas, ni a Nekanes; sus palabras atacan y ofenden a la mujer. Atacan a la mujer porque da a entender su mierda de argumentación que la mujer ha de ser guapa para ser política, que ha de peinarse… no sé cómo le gustará a usted… supongo que como una folclórica gaditana de pura cepa (con floripondio incluido y sobre todo sin flequillo); sus palabras transmiten mensajes sucios que nada bueno aportan a la situación de la mujer en nuestro país, y es triste que un periódico de tanta repercusión mediática como ABC demuestre al publicarle esa basura de artículo que secunda sus opiniones misóginas. Pero vayamos al grano, ya que usted parece estar muy hecho a la provocación y al insulto gratuito, voy a hacer un repaso a sus citas célebres y voy a ir contestándole como una ilustre figura de su talla se merece.
“¿por qué las tiorras separatistas, ora vascongadas, ora catalanas, ora de Bildu, ora de CUP, han de ser tan feas?”
La respuesta podría ser a modo de pregunta retórica: ¿por qué habrían de ser guapas? pero no quiero dejarlo ahí sin más. Gracias (dele las gracias usted a Dios, si quiere, que yo las doy impersonales) que vivimos en una sociedad plural, gracias que conviven dentro de la cultura española diferentes culturas con diferentes costumbres y gracias también que el individuo tenga la libertad de definir su personalidad y su apariencia en base a lo que LE DÉ LA GANA SER. Gracias. Gracias que no hay leyes estéticas y gracias también que no se le ocurrió redactarlas a usted, porque sería de chiste ver a todos los hombres alopécicos con la cortinilla de pelo tapando cartón. ¿Le pregunto yo acaso por qué todos los retrógrados van siempre repeinaditos estratégicamente con un buen salivazo en la coronilla? No. no se lo pregunto porque parto de la base de que su ideología no determina su aspecto físico - pese a que sí pueda condicionarla - y no se lo pregunto porque es irrespetuoso, porque atenta contra su libertad privada y porque tenemos la suerte de poder salir a la calle como nos dé la gana (aunque, desgraciadamente, aún haya unineuronales incapaces de entender que no todos queremos ser fotocopias) pero gracias a personas como usted y a artículos de mierda como el suyo es más difícil que cada individuo pueda ser como le dé la gana, porque fomenta usted la intolerancia, la xenofobia y lo que es peor, fomenta la superficialidad y aprieta usted el yugo de la mujer, ya que cree que no tiene bastante peso en la espalda ya con la presión física que ejercen las multinacionales y quiere poner su granito de arena en la montaña de machismo que acumula bajo la alfombra nuestro querido “país sin machismo” del que algunos ya se vanaglorian (la verdad es que leyendo su artículo no entiendo el porqué se cree tal cosa). Pues no. No nos hace falta su ayuda. A ninguna mujer. De hecho, pensamientos como el yo ayudan a inyectar indirectamente en cabezas ajenas ideas que en nada favorecen a la figura de la mujer.
Permítame ser irrespetuosa como usted y decirle que también es feo de narices. Así, sin más. Es feo y nadie le dice que cómo escribe siendo tan feo. ¿Qué quiero decirle con esto? que el hecho de que se plantee usted por qué una política (obviamente de inclinación ideológica distinta a la que tiene usted) ha de ser tan fea demuestra que es un intolerante, pero además también que es un machista y un superficial acabado. Usted se cree con derecho de menospreciar a las mujeres y ensañarse con su aspecto físico solo por ser hombre. Solo porque tiene pene. Y eso, querido sabio, no le hace ni más inteligente, ni más guapo, ni más cualificado. Eso solo le hace más cómoda la tarea de miccionar. Y punto.
“No es que quieran separarse de España: es que quieren que las echemos. Por horrorosas y antiestéticas.”
A esta oración, con la que acaba tu artículo y la que me parece la más agresiva y misógina de todas, le responderé con una serie de puntos:
La ironía centrada en el físico utilizada con fines políticos (concretamente el de hundir al líder que promueve una ideología contraria a la tuya) es recibido por los que tenemos algo de seso como una táctica vacía, ya que el que no tiene argumento político para debatir temas políticos deja de tener credibilidad y por lo tanto, su discursito anciano polvoriento (y no me refiero a usted, sino a su ya mencionado discurso) carece de interés.
Ni usted ni la panda de individuos sin calificativo agradable para describirlos tiene ni tendrá jamás (doy gracias) potestad para echar a nadie del país. Es curioso que se considere usted amador consagrado de la patria y la unidad y a la vez conduzca a sus lectores a sentir aversión hacia aquello diferente. A aquello que no se ve en las alamedas del siglo XVIII.
¿Así quiere que lo catalanes sintamos orgullo de España? Es imposible sentir orgullo de España leyendo artículos de españoles parecidos a los suyos. Y se lo dice una catalana que votó NO en el referendum. Se lo dice una federalista que está hasta el coño del menosprecio a su tierra. ¿Por qué estoy hasta el coño? Porque soy mujer y por lo tanto, no puedo estar hasta los cojones, algo que parece que usted no tuvo en cuenta a la hora de decir lo siguiente en una entrevista:
Entrevistador: ¿El gaditano nace donde le da la gana?
Antonio Burgos: No, la frase correcta es: "Que la gente de Cai nacemos donde nos sale de los cojones", que entra mejor en el tres por cuatro.
Es decir, que aquí Burgos desecha el dicho que reza que los gaditanos nacen donde les da la gana (expresión que no resulta sexista en ningún caso e introduce a todos los gaditanos juntos en dicha consideración) y se decanta por decir que los gaditanos nacen donde les sale de los cojones. ¡Olé tus huevos, campeón! (si me permite el tuteo) que sé que estarás orgulloso de que los mencione cuantas más veces mejor. Tu declaración me dice entonces que o las mujeres gaditanas tienen cojones o por no tenerlos no nacen donde les da la gana. Otra vez machismo.
No quiero alargarme más porque, sinceramente, no se merece usted mi tiempo ni mis palabras.